miércoles, 23 de mayo de 2012


Deme cuarto y mitad

de un adjetivo.

Uno de esos que al pronunciarlo

ella se sonroje,

y la ponga en alerta

para seguir observando

entre mis bolsas.



Despiece también

unos cuantos verbos

de aquellos del rincón.

Si puede pártalos por la mitad.

El desamar déjelo en amar.

El aterrizar en rizar

y el desenvolver en un esperanzador volver.


A ver...

¿Qué mas quería?

A sí...

Pongame dos o tres raciones de nombres.

Si puede que sean femeninos,

hierven mucho mejor

cuando hay tormenta.


Creo que ya lo tengo todo.



Espere.



Añada también a mi compra

un par de lonchas de suspiros.

Y cortemelas finas

así cuando las mire al trasluz

veré una playa.



Ya esta todo.

No. No. No me lo envuelva.

Tengo que llevármelo así,

de lo contrario

no podría respirar.

lunes, 21 de mayo de 2012

LAS PIEDRECITAS


Tengo bien guardadas

tres piedrecitas.



Una me recuerda

que estoy en Tierra.

Que Tierra es mi madre

y he de cuidarla.

Pisarla con caricias.

Lavarle la carita

para que en los atardeceres

este muy bonita.



La otra piedra es dura.

Y esta la bailo de mano en mano.

La tiro,

la recojo,

la miro un rato.

Y después pienso

que siendo dura

yo hice con ella lo que quise.

Eso sí,

sin violencia,

con gran dulzura.

!Qué dura es la vida¡

dicen algunos.

Pero puedes manejarla

como te plazca.

Igual que yo mato a mi piedra

y luego hago que nazca.





La tercera piedra

ya es de emergencia.

Esa la guardo para tirarla

a tu ventana.

Que sepas que te espero.

Que estoy aquí abajo.

Que me muero por pasearme

agarrado de tu brazo.

VINILO


Algunos intentan rescatar su juventud

en viejas fotos.

En las que aparecen, por lo general,

con más pelo

y con más dientes.

Otros se acercan a aquel parque

donde oxidados duermen

los columpios

que un día fueron suyos.



Yo he encontrado un lugar idóneo

para almacenar por orden alfabético

mis recuerdos.



Sé que mi juventud quedo apresada

en el leve murmullo

de alguno de mis discos de vinilo.

En ese pequeño simulacro de llovizna

andan metidos

todos mis amores de tarde y de memoria.

Todos los minutos que me harte de vida

y todas las taquicardias

que anuncian la presencia

de un querer cercano.

El minúsculo murmullo del vinilo

compartió mi atardecer de varicela

y ese primer beso torpe y vergonzoso

que brotó en aquel banco de metal

que se esfumó

cuando acabó la primavera.



El susurro de mis discos de vinilo

me enseño a envejecer a 45 revoluciones por minuto.

Ahora, ya más relajado

a 33 revoluciones

lo recuerdo.



Observando todas las vueltas

que ha ido dando mi única vida

veo como el vinilo da las suyas

entonando aquella canción

que trae escondida.

Una melodía que se une a la perfección

al murmullo de mis discos de vinilo,

donde puedo oler

a goma de borrar,

a bocadillo de nocilla,

a katiuskas mojadas hasta dentro

y al perfume de los pechos

de la muchacha

que vivía allá en la esquina

y a veces se asomaba a la ventana.







El susurro de mis discos de vinilo                                    

es un confidente serio y mudo

y nunca desvelará mi juventud.

Él seguirá simulando por siempre

aquella lluvia

que me mojó cuando te amaba

sin poder decirme

a quién amabas tú.


viernes, 25 de noviembre de 2011

LA MUCHACHA


Nunca me di cuenta anteriormente.

Pero la muchacha en realidad

es muy hermosa.



Jamás me di cuenta

del blanco de sus ordenados dientes

tras su risa,

tal vez porque nunca sonreía.



A la muchacha no es que le gustara

deambular por la ciudad.

Es que no tenía  más remedio.



Hace tiempo, la muchacha

se asustaba si su sombra se movía.

Si un lejano claxon sonaba anunciando bienvenidas,

o si una paloma alzaba el vuelo.



Ahora la muchacha en estos casos

sigue caminando hacia el futuro.

Y si un claxon es el que la llama

ella, coqueta, alza el vuelo

como la paloma que antes la asustaba.





Hoy se ha dado cuenta

que sus ojos son azules

porque padre y madre

tenían los ojos claros.



Ya no son como hace un tiempo,

oscuros de rencor y de locura.

Impregnados de dolor  y de mil

culpas que nunca fueron.



Nunca me di cuenta anteriormente.

Pero la muchacha en realidad

es muy hermosa.



Y me encanta verla mirar escaparates

y cuando llueve, esquivar los charcos

que adornan la avenida.

Me gusta verla oler las flores frescas

que se unen a su auténtica y única frescura.



Y cuando cuenta los aleteos de una mariposa

y si el número de estos se aproxima,

más o menos, al que ella había pensado, se regala

un buen café en una terraza

donde la brisa, en estas fechas,

dibuja su tez lisa

y le recuerda que existe.


















La muchacha y yo coincidimos muchas veces.

Yo escribiendo versos.

Ella, en la mesa de al lado

 fotografiando la libertad a parpadeos.



Yo un día le conté

que soñaba ser poeta

y ella me recitó el trágico

poema de su vida.



¿ Puedo escribirte algo?-le pregunté

mientras la adolescencia viajaba

de regreso a su memoria.

Pues claro- respondió ella sonriente,

intentando adivinar el número de versos

que tendría su poema

para ganarse un café.

Sólo puso una condición

que en su poema

apareciera la palabra “ahora”.

Porque después de uno nombrarla

siempre comienza un futuro.



El futuro de la muchacha

comenzó después del portazo

que la separó para siempre de él.



Respecto a su poema. Acepté el trato.



Cuando me marchaba le pregunté su nombre, después de intercambiar nuestros números telefónicos.

Ella, la muchacha, dijo que su nombre un día se lo robaron y estaba intentando todavía recordarlo.

Quedé con ella para el día siguiente.

Mientras me alejaba sonó mi teléfono. Era ella, la muchacha.

Al principio me asusté recordando su duro pasado. Temiendo que le sucediera algo al no

tenerme a su lado intercambiando suspiros.

Me volví y la vi a lo lejos. Sonriendo.

Moviendo su brazo en una especie de aspavientos disfrazados de saludo.

Le devolví el saludo y por supuesto, la sonrisa

 y descolgué.



Esperanza, me llamo Esperanza.

jueves, 20 de octubre de 2011

GRACIAS

La palabra más bonita

que ha existido

sin duda alguna

para mi,

es decir gracias.



Más que nada

porque sólo al pronunciarla

unos ojos se iluminan

de repente.



Su primera silaba,

vibrante,

intenta parecerse al aleteo

de la paloma libre

que otro día

vuelve a ser feliz

surcando el cielo.


Al acabar de pronunciarla

un pequeño viento

surca la sonrisa.

Aire del corazón que fue exiliado

y recorre nuestro ser

de lado a lado.



La palabra más bonita

que ha existido

sin duda alguna

para mi,

es decir gracias.



Gracias por tener sólo una vida.

Gracias por el sol que la ilumina.

Y gracias sobre todo porque “gracias

es una palabra femenina.

DEL POEMARIO "LAS PALABRAS COLGADAS DE MI VOZ"

martes, 18 de octubre de 2011




SUEÑOS



Me encanta descalzo pasear sobre la hierba

del jardín que hay junto a la casa de mis sueños.



En esta casa me espera una buhardilla

con un  papel siempre hambriento de palabras.



Me encanta ver a la luna plateada

como lava su cara en el estanque

mientras los peces van peinando su reflejo

para dejarla muy muy guapa

y poder así atravesar mi sueño.



También me gusta estar en el jardín

si es la lluvia la que viene sin aviso.

Sin sorprenderme salgo a recibirla

y la beso con suavidad en la mejilla.

Siempre tengo preparado por si llega

una canción tarareada en una esquina,

unas  frutas con almíbar de mi árbol

y la sombra que traspasa mis cortinas.



Me encanta descalzo caminar sobre  la hierba

del jardín que hay junto a la casa de mis sueños.





En esta casa me espera una buhardilla

donde suelo soñar lo que yo quiero.



Me encanta caminar descalzo sobre el suelo

de la buhardilla donde voy armando sueños.



Allí invento los colores de mi hierba.

Allí descubro de los frutos sus sabores.

Allí seco mi cabeza aún mojada por la lluvia de la tarde

y pruebo entusiasmado mis cien llaves

porque seguro que la de hoy

es la que abre.

DEL POEMARIO "LAS PALABRAS COLGADAS DE MI VOZ".
PREMIO CAJA RURAL EN CASTELLANO 2011.